viernes, 27 de febrero de 2009

Costo / beneficio

Una vez mi hermana tuvo mononucleosis. Estuvo como una semana sufriendo y otras dos semanas condenada a quedarse en casa. No podía moverse demasiado, porque eso sería arriesgarse a que no sé qué órgano se le reventara o qué se yo. En fin. Como verán no poseo conocimientos médicos así que vayamos al grano.



Yo la veía ahí sentada en el sillón de casa, mirando televisión, mientras todo el mundo estaba estudiando frenéticamente para las pruebas del trimestre y pensaba: "ooooh, tener mononucleosis es el fin del mundo".



La idea de estar tres semanas fuera del colegio, la idea de tener que presentar certificados médicos para que me aprobaran en vez de hacer exámenes, la idea de perder la codiciada mención de honor por asistencia perfecta... simplemente me aterraba. Todo eso para mí equivalía al fin del mundo. Estaba convencida de que si eso me pasaba, todo se derrumbaría.



Yo era parcialmente consiente de que había algo malo en esa forma de pensar. Sin embargo todo el mundo a mi alrededor parecía feliz y orgulloso de que así me comportara. La sociedad tiene una forma perversa de aplaudir todo lo que lleva a la gente a la ruina.



Y si todo el mundo está feliz uno finge estar feliz también. Uno empieza a fingir de tal forma que se lo termina creyendo. Y el autoconvencimiento lleva a que simplemente uno ya ni se cuestione si es feliz o no. Después de todo, tenía mucho que estudiar y muchas tareas por hacer como para ocuparme de asuntos intrascendentes como la felicidad.



Así fue por muchos años hasta que un día cualquiera me desperté y me di cuenta que mi vida apestaba. Me di cuenta que mi vida estaba vacía, que estaba sola, que tenía problemas y que estaba loca. Para arreglar todo eso debía quitarle atención a mis estudios. Debía dejar que todo se derrumbara. Después de todo, ya había avanzado lo suficiente académicamente y no iba a llegar muy lejos loca, infeliz y sola. Así que dejé que todo se derrumbara con la profunda convicción de que ya tendría tiempo de volver a construir todo.



Ese día fue hace unos cinco años y medio atrás. Hoy estoy a un paso de que mi facultad me eche. Pero claro, estoy bastante menos infeliz, mucho menos sola, y un poquitito menos loca.



Volvería a elegir lo mismo.

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